Las glándulas de Bartolino y las glándulas parauretrales (o de Skene) son estructuras fundamentales del aparato genital femenino. A menudo eclipsadas por los órganos reproductores principales como los ovarios o el útero, estas glándulas exocrinas desempeñan un papel crucial en la salud vulvovaginal, el confort sexual y el equilibrio microbiológico.

Las glándulas de Bartolino y las glándulas parauretrales (o de Skene) desempeñan un papel fundamental en la fisiología del tracto reproductivo y sexual femenino. Aunque a menudo quedan eclipsadas por órganos como los ovarios o el útero, la investigación científica demuestra que la secreción de estas glándulas exocrinas es determinante para la salud vulvovaginal, la vivencia de la sexualidad y la optimización del proceso reproductivo.
Glándulas de Bartolino (Vestibulares Mayores)
Ubicadas a ambos lados del introito vaginal, en el tercio posterior de los labios mayores, estas glándulas son las homólogas femeninas de las glándulas bulbouretrales (de Cowper) en el hombre. Ante la estimulación sexual, sus conductos vierten una sustancia mucoide y transparente que actúa como lubricante primario de la vulva. La obstrucción de estos conductos retiene el fluido y da origen a los quistes de Bartolino. Si esta acumulación se infecta —frecuentemente por bacterias de la flora entérica o patógenos de transmisión sexual como Neisseria gonorrhoeae o Chlamydia trachomatis—, se desarrolla una bartholinitis o absceso agudo, caracterizado por dolor incapacitante, tumefacción local y eritema.
Glándulas Parauretrales (de Skene)
Situadas en la pared vaginal anterior, en las proximidades del meato urinario, son consideradas el homólogo funcional e histológico de la próstata masculina. Secretan un fluido enriquecido con enzimas como la fosfatasa ácida y el antígeno prostático específico (PSA). Su inflamación e infección (skenitis) o la formación de quistes periuretrales pueden manifestarse con dolor a la micción (disuria), dispareunia de entrada o infecciones de repetición del tracto urinario inferior.
Durante la fase de excitación dentro del ciclo de respuesta sexual humana —descrito clásicamente por Masters y Johnson y ampliado en modelos neurobiológicos contemporáneos— se desencadena una marcada vasodilatación en el plexo vascular pélvico. Este incremento de presión hemodinámica provoca la trasudación de plasma a través del epitelio vaginal, proceso al que se suma la secreción activa de las glándulas de Bartolino y Skene.
Desde la perspectiva de la medicina sexual y la psicología (con estudios destacados por investigadoras como Cindy Meston), la lubricación física y la percepción de humedad cumplen dos funciones clave:
- Protección tisular: La película fluida reduce las fuerzas de fricción entre las mucosas durante la penetración o estimulación genital, previniendo microtraumatismos, fisuras y el dolor coital (dispareunia).
- Retroalimentación propioceptiva: Diversos ensayos clínicos han documentado una correlación moderada a fuerte entre la cantidad de lubricación objetiva y la percepción subjetiva de excitación. Sentir la zona genital húmeda actúa como una señal neurosensorial que refuerza el deseo y facilita la progresión hacia el orgasmo.
Un error frecuente es confundir la lubricación generada durante el acto sexual con el moco cervical. Aunque ambos coinciden en el canal vaginal, sus orígenes, composiciones y regulaciones fisiológicas son distintos pero complementarios. Mientras en moco cervical es producido por las criptas del cuello uterino bajo el estímulo de los estrógenos, el moco cervical cambia su biofísica a lo largo del ciclo menstrual. Durante el patrón cambiante, adopta cambios en su consistencia y en la sensación que produce en la vulva.
En la excitación sexual se produce una lubricación propia de las glándulas de Bartolino, este trasudado vaginal y las secreciones de Skene interactúan directamente con el moco cervical presentándose una sinergia perfecta:
- Protección del biomaterial reproductivo: La lubricación exocrina reduce la fricción mecánica en el cuello uterino, impidiendo que el moco cervical pierda su integridad física durante el coito.
- Acondicionamiento del medio: El incremento de flujo sanguíneo y fluidos ricos en bicarbonato y enzimas ayuda a neutralizar momentáneamente la acidez vaginal basal, creando un microambiente sustancialmente más propicio para la viabilidad espermática antes de que los espermatozoides alcancen el moco del cérvix.
Las glándulas de Bartolino y de Skene, junto a la producción del moco cervical, integran un sistema de lubricación y defensa del sistema reproductor femenino muy importante.










