Lupus y embarazo
El lupus eritematoso, es una enfermedad inmunológica sistémica, en la que los embarazos pueden presentar desompensaciones de la enfermedad por ello esta gestación es considerada de alto riesgo.

El lupus eritematoso sistémico (LES) es una enfermedad autoinmune, es decir, que el propio sistema inmune del paciente ataca a sus órganos y tejidos produciendo inflamación y daño en los mismos. Es de origen sistémico porque puede afectar a cualquier parte del cuerpo y es crónica, no tiene cura, pero se puede controlar bien con diferentes fármacos que regulan el sistema inmune y controlan la inflamación.
Los síntomas más frecuentes son los que afectan a la piel (eritema en alas de mariposa en la cara… ) y a las articulaciones; pero también se pueden afectar las células de la sangre (glóbulos rojos, plaquetas…), riñón…Se trata de una enfermedad que cursa con períodos de estabilidad clínica (sin síntomas o con muy pocos síntomas) con otros de exacerbación o más actividad que pueden ser leves o más graves.
En mujeres con lupus que desean gestación, se aconseja la realización de una consulta preconcepcionalcon con sus médicos habituales y con un obstetra especializado en gestaciones de alto riesgo donde se valore los factores de riesgo que afectasen al pronóstico de la gestación (por ejemplo, presencia de anticuerpos antifosfolípidos, anticuerpos anti-Ro y/o anti-La, la afectación renal y actividad de la enfermedad).
Se aconseja intentar gestación en período de inactividad (no brotes agudos) y valorar la medicación que esté tomando para informarle sobre la necesidad de abandonar de alguna de ellas por incompatibilidad durante la gestación, así como cambio o mantenimiento de determinados fármacos. Se aconsejará como al resto de las mujeres que desean gestación, los suplementos vitamínicos preembarazo (ácido fólico y yodo), ejercicio físico y dieta mediterránea saludable.
Puede presentar brotes leves, similares a los que la paciente tiene habitualmente y sobre todo en segundo o tercer trimestre y en el puerperio.
Si el embarazo se consigue en período de inactividad de la enfermedad, las posibilidades de brote son relativamente bajas; pero, en el caso de brotes, los leves se pueden controlar con corticoides durante un tiempo variable según cada paciente y cada afectación (fundamentalmente los que atraviesan mínimamente la placenta). También se pueden añadir inmunosupresores compatibles con la gestación o si es posible subir la dosis de los fármacos que la paciente ya esté tomando.
En caso de brotes graves, a veces es preciso en ingreso hospitalario para control intenso tanto de la madre como del feto, precisando probablemente medicación intravenosa, siempre permitida durante la gestación e individualizando cada caso concreto según brote y momento del embarazo en que esto ocurra.
Aunque siempre hay que estar alerta de brote en otros órganos. Hoy día, el mantenimiento fármacos como la hidroxicloroquina (HCQ) durante la gestación ha hecho que disminuya mucho el riesgo de tener actividad. De hecho, el abandono de el mismo se considera factor de riesgo para aparición de brote, así como el haber tenido muchos en el último año y el brote cercano a la gestación.

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