Las guías internacionales continúan considerando la terapia nutricional como la primera línea de tratamiento.Sin embargo, existe consenso sobre varios principios nutricionales asociados con mejoras clínicas consistentes.

La dieta mediterránea continúa siendo el modelo alimentario con mayor respaldo científico. Sus características incluyen:
- Alta ingesta de vegetales.
- Frutas frescas.
- Legumbres.
- Cereales integrales.
- Frutos secos.
- Aceite de oliva virgen extra.
- Consumo regular de pescado.
Este patrón dietético se asocia con:
- Menor inflamación sistémica.
- Mejor sensibilidad a la insulina.
- Mejor control glucémico.
- Reducción del riesgo cardiovascular.
Además, diversos estudios observacionales muestran una correlación entre mayor adherencia al patrón mediterráneo y menor severidad metabólica del SOMP. La preservación de la masa muscular ha adquirido una importancia creciente en el manejo del SOMP. Las investigaciones recientes indican que un aporte proteico adecuado:
- Mejora la saciedad.
- Reduce la pérdida de masa magra durante el déficit energético.
- Favorece el control glucémico.
- Incrementa el gasto energético asociado a la digestión.
La mayoría de revisiones actuales sitúan las necesidades proteicas entre 1,2 y 1,8 g/kg/día, dependiendo de la composición corporal y del nivel de actividad física.
La fibra constituye uno de los componentes nutricionales más infravalorados en el manejo del SOMP. Una ingesta de 25–35 gramos diarios se asocia con:
- Disminución de la glucemia posprandial.
- Mejor control del apetito.
- Mayor producción de ácidos grasos de cadena corta.
- Mejor salud de la microbiota intestinal.
- Menor inflamación sistémica.
Las legumbres, verduras, frutas enteras y cereales integrales representan las principales fuentes recomendadas.
Entre todos los suplementos estudiados para SOMP, los inositoles continúan siendo los que disponen de la evidencia más sólida.Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism evaluó decenas de ensayos clínicos para actualizar las recomendaciones internacionales. Los autores observaron beneficios clínicamente relevantes en múltiples parámetros metabólicos y hormonales.
Los inositoles han mostrado capacidad para:
- Mejorar la sensibilidad a la insulina.
- Reducir concentraciones de testosterona.
- Incrementar la frecuencia ovulatoria.
- Mejorar la regularidad menstrual.
- Favorecer algunos parámetros reproductivos.
La combinación más estudiada continúa siendo:
40:1 (mio-inositol : D-quiro-inositol).
Esta proporción pretende reproducir la distribución fisiológica encontrada en tejidos sanos y es actualmente la más utilizada en los ensayos clínicos.
La insuficiencia de vitamina D es extremadamente frecuente en mujeres con SOMP. Los estudios más recientes sugieren que la suplementación puede mejorar:
- Resistencia a la insulina.
- Glucosa plasmática.
- Perfil lipídico.
- Algunos marcadores inflamatorios.
Sin embargo, los mayores beneficios se observan cuando existe deficiencia documentada mediante análisis clínicos.
Por ello, la tendencia actual es priorizar la evaluación bioquímica antes de indicar suplementación prolongada.
Los ácidos grasos omega-3 han mostrado efectos favorables sobre distintos componentes del riesgo cardiometabólico.
Los beneficios descritos incluyen:
- Disminución de triglicéridos.
- Reducción de marcadores inflamatorios.
- Mejoría del perfil lipídico.
- Potencial mejora de la sensibilidad a la insulina.
Su uso resulta especialmente interesante en pacientes con obesidad abdominal, hipertrigliceridemia o antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular. La N-acetilcisteína (NAC) actúa como precursor del glutatión, uno de los antioxidantes endógenos más importantes. La evidencia disponible indica posibles efectos sobre:
- Estrés oxidativo.
- Resistencia a la insulina.
- Ovulación.
- Inflamación sistémica.
Aunque los resultados son prometedores, todavía se requieren ensayos clínicos de mayor calidad para definir su lugar exacto dentro del tratamiento nutricional del SOMP. Uno de los campos de investigación más dinámicos es la relación entre microbiota intestinal y SOMP. Las alteraciones en la composición bacteriana intestinal parecen influir sobre:
- Resistencia a la insulina.
- Inflamación crónica.
- Metabolismo energético.
- Regulación hormonal.
Los estudios con probióticos muestran resultados alentadores, aunque todavía no existe consenso respecto a cepas específicas ni protocolos clínicos estandarizados. Ninguna estrategia nutricional alcanza su máximo potencial sin actividad física. La evidencia actual apoya especialmente: Entrenamiento de fuerza, con los siguientes beneficios:
- Incremento de masa muscular.
- Mayor sensibilidad a la insulina.
- Mejor utilización de glucosa.
- Reducción de grasa visceral.
Ejercicio aeróbico:
- Mejora cardiovascular.
- Aumento del gasto energético.
- Disminución de marcadores inflamatorios.
La combinación de ambas modalidades continúa siendo la estrategia más eficaz. La transición de SOP a SOMP marca un cambio profundo en la forma de entender esta enfermedad. El nuevo paradigma reconoce que las alteraciones metabólicas y endocrinas son tan importantes como las manifestaciones reproductivas. La investigación futura probablemente se centrará en:
- Nutrición personalizada basada en fenotipos metabólicos.
- Terapias dirigidas a la microbiota.
- Medicina de precisión.
- Biomarcadores predictivos de respuesta terapéutica.
- Integración de estrategias nutricionales y farmacológicas.
La evidencia científica disponible en 2026 confirma que el manejo nutricional continúa siendo la intervención más eficaz y coste-efectiva para el tratamiento integral del Síndrome de Ovario Metabólico Poliendocrino (SOMP). La dieta mediterránea, la preservación de la masa muscular, el control de la resistencia a la insulina y la actividad física constituyen los pilares fundamentales del tratamiento.
Entre los suplementos disponibles, los inositoles presentan actualmente el respaldo científico más sólido, seguidos por la corrección individualizada de déficits de vitamina D, el uso de omega-3 y, en determinados contextos clínicos, la N-acetilcisteína.
Más que una enfermedad ovárica, el SOMP debe entenderse hoy como una alteración metabólica y endocrina sistémica que requiere un abordaje multidisciplinar centrado en la salud metabólica a largo plazo.
Referencias destacadas
- Endocrine Society. Consenso internacional sobre el cambio de nombre a PMOS/SOMP, 2026.
- Helena J. Teede et al. The Lancet, 2026.
- Fitz V. et al. Inositol for Polycystic Ovary Syndrome: Systematic Review and Meta-analysis. Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, 2024.
- Comentario editorial en Nature Metabolism sobre la transición hacia PMOS, 2026

El SOP cambia de nombre a SOMP: un nuevo consenso global redefine el síndrome de ovario poliquístico









