Ayuno intermitente y resistencia la insulina
El ayuno intermitente se ha convertido en una de las estrategias nutricionales más populares de los últimos años, especialmente entre personas que buscan mejorar su salud metabólica.

Uno de los temas donde más interés ha generado es en la resistencia a la insulina, una alteración cada vez más frecuente y estrechamente relacionada con el aumento de peso y el riesgo de desarrollar Diabetes tipo 2.
La resistencia a la insulina ocurre cuando las células del cuerpo no responden de manera adecuada a esta hormona, encargada de permitir que la glucosa entre en las células para ser utilizada como energía. Como consecuencia, el páncreas produce más insulina para compensar. Con el tiempo, este exceso sostenido puede favorecer el almacenamiento de grasa —especialmente abdominal—, alterar los niveles de glucosa en sangre y aumentar el riesgo de síndrome metabólico.
En este contexto, el ayuno intermitente aparece como una herramienta potencialmente útil. Su fundamento es sencillo: al pasar varias horas sin ingerir alimentos, los niveles de insulina disminuyen y el cuerpo comienza a utilizar sus reservas de energía, principalmente grasa. Esta reducción repetida de los niveles de insulina puede mejorar la sensibilidad celular a la hormona.
¿Cuántas horas de ayuno son recomendables?
Para personas con resistencia a la insulina, los protocolos más estudiados y seguros suelen ser:
12 horas de ayuno: es el punto de partida ideal. Muchas personas ya lo realizan sin notarlo (por ejemplo, cenar a las 8:00 p.m. y desayunar a las 8:00 a.m.). Puede ofrecer beneficios metabólicos iniciales.
14 a 16 horas de ayuno (método 14:10 o 16:8): es el rango más recomendado. En este esquema, se concentran las comidas en una ventana de 8 a 10 horas al día. Es el protocolo con mayor respaldo en estudios sobre sensibilidad a la insulina y pérdida de grasa.
Ayunos más prolongados (18, 20 o 24 horas) no suelen ser necesarios para obtener beneficios metabólicos y no son recomendables sin supervisión profesional, especialmente en personas con alteraciones en la glucosa.
La evidencia científica sugiere que el ayuno intermitente puede reducir la glucosa en ayunas, disminuir los niveles de insulina basal y mejorar indicadores como el HOMA-IR. Sin embargo, es importante señalar que no parece ser superior a una alimentación equilibrada con el mismo control calórico. Es decir, la calidad de la dieta sigue siendo determinante.
Reducir azúcares añadidos y harinas refinadas, aumentar el consumo de fibra, priorizar proteínas de calidad y grasas saludables, así como incorporar ejercicio —especialmente entrenamiento de fuerza—, son pilares fundamentales para mejorar la resistencia a la insulina. El ayuno intermitente puede ser una herramienta dentro de este enfoque, pero no sustituye una alimentación adecuada.
Finalmente, no todas las personas son candidatas ideales para esta estrategia. Mujeres embarazadas o en lactancia, personas con antecedentes de trastornos alimentarios, hipoglucemias frecuentes o con Diabetes tipo 1 deben evitarlo o realizarlo únicamente bajo supervisión médica.
En conclusión, para la mayoría de las personas con resistencia a la insulina, un ayuno de 14 a 16 horas diarias puede ser una opción segura y efectiva dentro de un estilo de vida saludable. Más que una moda, el ayuno intermitente puede convertirse en una herramienta útil cuando se aplica con criterio, equilibrio y acompañamiento profesional.

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