Relación de la microbiota vaginal y la fertilidad
En los últimos 5 años se han publicado nuevos hallazgos que sugieren que la reducción de los niveles de lactobacilos de la vagina se relacionan directamente con el parto prematuro y los problemas de fertilidad.

El primer contacto del bebé con la microbiota de la madre se produce mayoritariamente en el momento del parto. Sin embargo, el estado de salud de la microbiota vaginal antes de quedarte embarazada influye en tu salud reproductiva y por esto es muy importante cuidarla y no acordarte de ella solo cuando tienes una vaginosis vaginal o una infección de orina.
El útero no es una cavidad estéril, sino que tiene su propia microbiota que puede predecir las posibilidades de embarazo en las mujeres.De hecho, en el útero y en la vagina predominan los lactobacilos (Lactobacillus crispatus, L. iners y otras especies) con una composición que puede variar en función del ciclo menstrual de la mujer y de la presencia de problemas ginecológicos, como por ejemplo tener una endometriosis.
La implicación de la microbiota vaginal en la fertilidad se ha estudiado a dos niveles. Por un lado, la abundancia en la microbiota vaginal de otras bacterias distintas de los lactobacilos (por ejemplo, Gardnerella vaginalis y Atopobium vaginae) se asocia con menos probabilidades de quedarte embarazada. Además, restablecer el equilibrio de la microbiota vaginal cuando hay una vaginosis bacteriana aumenta las tasas de embarazo.
Otros factores que también podrían estar implicados en la fertilidad son los niveles de lactobacilos en el semen y la presencia de determinadas bacterias en el endometrio y en las trompas de Falopio. Pero aunque algunas bacterias están asociadas con una mejor salud reproductiva, de momento no se sabe la causa y la consecuencia, se necesita investigar más para poder recomendar un tratamiento específico que actúe sobre la microbiota para mejorar la fertilidad.
Problemas de fertilidad y disbiosis vaginal
Una de cada tres mujeres infértiles tiene una vaginosis bacteriana asintomática con una reducción de los Lactobacillus protectores y un aumento de los patógenos Candida, Enterococcus y Escherichia coli que pueden llegar a suponer hasta el 50% de la microbiota vaginal.
Pero es que además la vaginosis bacteriana, que es una disbiosis de la microbiota vaginal caracterizada por una microbiota rica en bacterias anaerobias y unos números bajos de especies de Lactobacillus, se ha asociado con un mayor riesgo de parto prematuro. Esta es la causa más común de mortalidad neonatal y la segunda causa más frecuente de mortalidad en niños menores de 5 años.
También se sospecha que la disbiosis vaginal podría estar implicada en algunos casos de abortos espontáneos recurrentes que afectan a un 2% de las mujeres. Mientras que una microbiota vaginal dominada por lactobacilos o eubiosis actuaría como un factor protector de infecciones genitourinarias.
Eubiosis y fertilidad femenina
Una microbiota vaginal equilibrada con un alto contenido de lactobacilos se estima que puede aumentar las posibilidades de que las mujeres consigan embarazo en un 70% de los casos. Mientras que si la microbiota está formada por una cantidad baja de lactobacilos y contiene una mayor proporción de otras bacterias asociadas a vaginosis bacteriana e infecciones urinarias, entonces las tasas de embarazo se reducen al 34%.
Estas observaciones nos indican que tener una microbiota vaginal sana o eubiosis que esté dominada por lactobacilos podría mejorar la salud reproductiva, aumentar las posibilidades de quedarte embarazada y protegerte de tener un parto prematuro y bajo peso al nacer.
Mejorar la microbiota vaginal
Garantizar que tu microbiota vaginal esté formada mayoritariamente por lactobacilos que te ayudará a mantener las infecciones vaginales a raya y puede aumentar tu fertilidad. Estos consejos te ayudarán a tener una mejor salud íntima:
- Cuida tu alimentación cada día. Seguir una alimentación rica en frutas y verduras frescas de temporada, cereales integrales, legumbres, frutos secos y proteína animal de buena calidad (huevos, pescado y carnes blancas).
- Si te planteas tomar un complemento alimenticio con vitaminas y minerales, consulta primero con el especialista o nutricionista.
- Utiliza probióticos con respaldo científico para equilibrar tu salud vaginal. La cepa probiótica Lacticaseibacillus rhamnosus Lcr 35® es una de las más estudiadas para equilibrar tu microbiota vaginal. Además, la vitamina A que contiene es antioxidante, antiinfecciosa y es importante para mantener la integridad de las mucosas. Recuerda que tener una microbiota vaginal rica en lactobacilos es tu mejor aliado para prevenir las infecciones vaginales.
- Mantén unos hábitos adecuados de higiene íntima. Mimar tu microbiota vaginal también pasa por utilizar productos respetuosos con tu zona íntima, evitar las duchas vaginales y mantener esta zona siempre seca para impedir las futuras infecciones.
- Si tienes una infección vaginal aguda, las soluciones de lavado y cremas íntimas externas con un pH respetuoso con la zona íntima te pueden ayudar a aliviar la irritación y el prurito.
- Usa ropa holgada e interior de algodón. Llevar ropa muy ajustada y utilizar prendas con tejidos sintéticos puede irritar tu zona genital, mientras que el algodón favorece la transpiración de la zona íntima y previene que se acumule la humedad. Evita los protectores de celulosa durante todo el ciclo y úsalos solo durante el sangrado o escaso sangrado.

El SOP cambia de nombre a SOMP: un nuevo consenso global redefine el síndrome de ovario poliquístico
El síndrome de ovario poliquístico (SOP), una de las alteraciones endocrinas más frecuentes en mujeres en edad reproductiva, ha sido oficialmente renombrado como síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP) , traducido del inglés Polyendocrine Metabolic Ovarian Syndrome (PMOS).

Aunque sus conclusiones subrayan las limitaciones de la evidencia disponible en aquel momento, una lectura en profundidad permite destacar también aspectos muy positivos, especialmente en relación con el Método de Ovulación Billings® La revisión Cochrane señala que no existe suficiente evidencia de alta calidad para determinar con precisión la eficacia anticonceptiva de estos métodos. Sin embargo, este dato debe interpretarse en su contexto: los métodos de reconocimiento de la fertilidad, como Billings, no son intervenciones pasivas, sino procesos educativos que requieren aprendizaje, motivación y participación activa de la pareja. Esta característica, lejos de ser una debilidad, constituye uno de sus principales valores. La dificultad para diseñar ensayos clínicos tradicionales refleja precisamente la naturaleza personalizada y dinámica del método, que se adapta a cada mujer y a cada ciclo. El valor diferencial del Método de Ovulación Billings® Dentro de los métodos analizados, el Método de Ovulación Billings® presenta características que lo sitúan en una posición especialmente sólida: Base fisiológica clara y observable: se fundamenta en la observación del moco cervical, un biomarcador directo de la fertilidad femenina. Aplicabilidad universal: puede utilizarse en distintas etapas de la vida reproductiva, incluyendo ciclos irregulares, lactancia o premenopausia. Ausencia de efectos secundarios: al no requerir intervención hormonal ni dispositivos, respeta plenamente la fisiología del cuerpo. Estos aspectos, aunque no siempre cuantificables en términos de ensayos clínicos clásicos, son altamente valorados tanto por usuarias como por profesionales. Uno de los puntos clave que emerge indirectamente de la revisión es que estos métodos no solo buscan evitar o lograr un embarazo, sino también fomentar el conocimiento del propio cuerpo. El Método Billings, en particular, promueve: Autoconocimiento y alfabetización en salud femenina, c orresponsabilidad en la pareja, t oma de decisiones informadas. En un contexto sanitario donde cada vez se valora más la medicina centrada en la persona, estos elementos adquieren una relevancia creciente. La importancia de la enseñanza estructurada La revisión Cochrane también pone de manifiesto que muchos de los resultados variables en eficacia están relacionados con la calidad de los estudios y el seguimiento de los participantes. Esto refuerza un aspecto clave del Método Billings®: la necesidad de una formación adecuada y acompañamiento por monitores cualificados. Cuando el método se enseña de manera estructurada y con seguimiento personalizado, diversos estudios han mostrado tasas de eficacia elevadas en uso correcto. Esto sugiere que el factor determinante no es tanto el método en sí, sino la calidad de su enseñanza. Un campo en evolución Desde la publicación de la revisión en 2004, la investigación en métodos de reconocimiento de la fertilidad ha avanzado, incorporando nuevas perspectivas como la experiencia de las usuarias, la adherencia y la integración en la salud reproductiva global. En este sentido, el Método de Ovulación Billings® continúa consolidándose como una opción válida, especialmente para quienes buscan un enfoque natural, respetuoso y basado en el conocimiento del propio cuerpo. Conclusión La revisión Cochrane de 2004 no debe interpretarse como una descalificación de los métodos basados en la fertilidad, sino como una llamada a mejorar la calidad de la investigación en este ámbito. Al mismo tiempo, permite poner en valor las fortalezas del Método de Ovulación Billings®: su base científica, su enfoque educativo y su capacidad para empoderar a las mujeres y a las parejas. En un panorama de creciente interés por alternativas naturales y personalizadas, el Método Billings® se presenta no solo como una herramienta de planificación familiar, sino como una propuesta integral de salud y conocimiento.

¿Cuál es el número mínimo de días que debe observarse en un nuevo patrón invariable durante dos semanas sin relaciones sexuales ni sangrado para confirmar un PBI Combinado? ¿Días intercalados o consecutivos? Cuando la ovulación se retrasa, la probabilidad de un PBI Combinado es alta. Sin embargo, antes de considerar la posibilidad de un PBI Combinado, la instructora debe tener en cuenta el periodo en el que se encuentra la mujer en su vida fértil. ¿Es posible añadir una nueva descripción a su PBI? • ¿Es una mujer en período de lactancia que está recuperando su fertilidad? ¿Podría la nueva descripción ser fertilidad potencial? ¿O podría la madre o el bebé haber estado enfermos, haciendo que esta sea una situación temporal? • ¿Está recuperando la fertilidad después de dejar la anticoncepción hormonal? ¿O el estrés ha afectado su ciclo? En cualquiera de los casos, podría tratarse de una variante del Continuum o de una ovulación con una respuesta cervical deficiente. ¿Está claro que el flujo es una respuesta vaginal o podría ser una respuesta cervical? Estas reservas deben tenerse en cuenta . Pero para responder a la pregunta sobre el número de días necesarios para establecer un PBI Combinado cuando la ovulación está retrasada, la respuesta es que no hay un número mínimo de días de una descripción específica que se necesite antes de que ese nuevo registro pase a formar parte del PBI Combinado. El enfoque clave está en los patrones, no en el número total de días en que aparece una descripción. Dos semanas deberían ser suficientes para determinar si el patrón es cambiando o es un PBI de flujo. Que la descripción ocurra en días consecutivos o intercalados dentro de otra descripción consistente no importa, siempre que sea recurrente y no una observación aislada. La mejor manera de ayudar a tomar la decisión es representar las hormonas. Es increíble cómo este sencillo ejercicio a menudo nos ayuda a reconocer los patrones. ¿Los niveles de estrógeno están oscilando entre dos niveles, o hay un cambio definido y constante? Ambas situaciones muestran un patrón invariable y ayudan a confirmar un PBI Combinado. En estas situaciones entendemos que el flujo es una respuesta vaginal a niveles de estrógeno ligeramente elevados. Niveles bajos de estrógeno, seguidos de un aumento durante algunos días y luego un retorno al nivel más bajo. En este caso, sería mejor esperar más registros—idealmente otra semana—antes de identificar esto como un PBI Combinado. Sin embargo, durante la siguiente semana de registro, se puede aplicar la Regla 2 de los Primeros Días al nivel más bajo de estrógeno —el PBI ya establecido— y la Regla 3 de los Primeros Días puede utilizarse para cualquier cambio resultante. Durante esa semana adicional de registro, si hay sangrado, indica que el cambio fue causado por actividad folicular. Los niveles altos de estrógeno desencadenan una respuesta endometrial, y cuando disminuyen, la mujer puede sangrar. Si, por el contrario, no hay sangrado y el patrón se repite, la nueva descripción puede identificarse como parte del PBI Combinado. El nuevo patrón invariable confirma niveles más elevados de estrógeno que no progresan a un nivel superior, sino que se mantienen en un nivel ligeramente elevado constante. Ahora está claro que la respuesta es vaginal. Hay dos factores clave. Son los patrones, no el número específico de días de la nueva descripción, lo que la convierte en parte del PBI. Además, se debe considerar la etapa de la vida en la que se encuentra la mujer. Pensar en las hormonas ováricas y representar los patrones de estrógeno correspondientes. El patrón invariable del PBI será evidente a partir de estos patrones. Cuando hay un cambio en la descripción, ¿permanece igual cada vez que ocurre? Si es así, estará en un nivel más alto pero constante. Si las descripciones cambian a lo largo de varios días, los niveles de estrógeno no serán los mismos para las distintas descripciones, sino que mostrarán un patrón ascendente. Esto ayudará a decidir si el patrón es invariable y repetitivo, y puede identificarse como un PBI Combinado, o si el cambio indica fertilidad potencial.

El pasado mes de marzo concluyó con éxito la primera parte del curso de formación de monitores del Método de Ovulación Billings®, un hito importante dentro del proceso de capacitación de nuevos instructores en este reconocido método de reconocimiento de la fertilidad. En esta edición, un total de 11 participantes han finalizado satisfactoriamente esta primera fase formativa, adquiriendo los conocimientos teóricos y prácticos fundamentales para la enseñanza del método, su base científica y su aplicación en el acompañamiento a parejas. Tras este logro, los nuevos instructores han iniciado ya la segunda etapa de su formación, centrada en el componente clínico. Esta fase resulta clave, ya que permite profundizar en la interpretación de un caso simulado y desarrollar habilidades necesarias en la interpretación de una gráfica compleja dentro de una enseñanza personalizada. Una vez superado el componente clínico, los alumnos avanzarán hacia la etapa de práctica supervisada. Durante este periodo, comenzarán a enseñar el método a parejas, siempre acompañados por una monitora experimentada que guiará su labor y garantizará la calidad del aprendizaje ofrecido. El proceso formativo culminará con la presentación de sus propios casos de enseñanza. Tras la evaluación positiva de estos, los participantes obtendrán la acreditación oficial como monitores del Método de Ovulación Billings®. Cabe destacar que esta acreditación tiene una vigencia de tres años. Finalizado este periodo, los monitores deberán renovarla, asegurando así la actualización continua de sus conocimientos y la calidad en la enseñanza del método. Este nuevo grupo de instructores representa un paso más en la difusión y consolidación del Método de Ovulación Billings® en España, contribuyendo a que más parejas puedan acceder a una formación cercana, fiable y de calidad.

Uno de los temas donde más interés ha generado es en la resistencia a la insulina, una alteración cada vez más frecuente y estrechamente relacionada con el aumento de peso y el riesgo de desarrollar Diabetes tipo 2. La resistencia a la insulina ocurre cuando las células del cuerpo no responden de manera adecuada a esta hormona, encargada de permitir que la glucosa entre en las células para ser utilizada como energía. Como consecuencia, el páncreas produce más insulina para compensar. Con el tiempo, este exceso sostenido puede favorecer el almacenamiento de grasa —especialmente abdominal—, alterar los niveles de glucosa en sangre y aumentar el riesgo de síndrome metabólico. En este contexto, el ayuno intermitente aparece como una herramienta potencialmente útil. Su fundamento es sencillo: al pasar varias horas sin ingerir alimentos, los niveles de insulina disminuyen y el cuerpo comienza a utilizar sus reservas de energía, principalmente grasa. Esta reducción repetida de los niveles de insulina puede mejorar la sensibilidad celular a la hormona. ¿Cuántas horas de ayuno son recomendables? Para personas con resistencia a la insulina, los protocolos más estudiados y seguros suelen ser: 12 horas de ayuno: es el punto de partida ideal. Muchas personas ya lo realizan sin notarlo (por ejemplo, cenar a las 8:00 p.m. y desayunar a las 8:00 a.m.). Puede ofrecer beneficios metabólicos iniciales. 14 a 16 horas de ayuno (método 14:10 o 16:8): es el rango más recomendado. En este esquema, se concentran las comidas en una ventana de 8 a 10 horas al día. Es el protocolo con mayor respaldo en estudios sobre sensibilidad a la insulina y pérdida de grasa. Ayunos más prolongados (18, 20 o 24 horas) no suelen ser necesarios para obtener beneficios metabólicos y no son recomendables sin supervisión profesional, especialmente en personas con alteraciones en la glucosa. La evidencia científica sugiere que el ayuno intermitente puede reducir la glucosa en ayunas, disminuir los niveles de insulina basal y mejorar indicadores como el HOMA-IR. Sin embargo, es importante señalar que no parece ser superior a una alimentación equilibrada con el mismo control calórico. Es decir, la calidad de la dieta sigue siendo determinante. Reducir azúcares añadidos y harinas refinadas, aumentar el consumo de fibra, priorizar proteínas de calidad y grasas saludables, así como incorporar ejercicio —especialmente entrenamiento de fuerza—, son pilares fundamentales para mejorar la resistencia a la insulina. El ayuno intermitente puede ser una herramienta dentro de este enfoque, pero no sustituye una alimentación adecuada. Finalmente, no todas las personas son candidatas ideales para esta estrategia. Mujeres embarazadas o en lactancia, personas con antecedentes de trastornos alimentarios, hipoglucemias frecuentes o con Diabetes tipo 1 deben evitarlo o realizarlo únicamente bajo supervisión médica. En conclusión, para la mayoría de las personas con resistencia a la insulina, un ayuno de 14 a 16 horas diarias puede ser una opción segura y efectiva dentro de un estilo de vida saludable. Más que una moda, el ayuno intermitente puede convertirse en una herramienta útil cuando se aplica con criterio, equilibrio y acompañamiento profesional.




